Estoy de vacaciones, lo cual es en realidad un eufemismo para «estoy en ese momento del año donde hago policía, boto cosas, doy mantenimiento a la oficina, pongo al día el papeleo, hago impuestos, evalúo el año, etcétera», así que no estoy realmente de vacaciones.

Es diciembre, el atardecer de 2018, y finalmente he tenido tiempo de sentarme a escribir. Hay muchos proyectos andando (varios de los cuales pueden ver en esta página) y, aunque me encanta trabajar en ellos, debo admitir que estoy nuevamente en ese momento donde me siento «como mantequilla untada sobre demasiado pan» (para parafrasear a Tolkien). Sí, ya era momento de tomar unos días para volver a conectarme con la familia y mi propio cuerpo porque me está pidiendo descansar.

Una parte importante de este proceso es evaluar el año en términos personales y de vínculos y he querido compartirles algunas de las cosas que he pensado, así que ahí voy:

 

Profesionalmente:

Usualmente a fin de año me pongo contento por las cosas logradas y también triste por las cosas que siguen igual o que no he podido cambiar para mejor. Esta vez he estado pensando que mi año entero transcurre haciendo(me) preguntas existenciales y que es bonito acompañar a la gente que pasa por la oficina y me comparte su vida, explorar el bosque oscuro de su inconsciente y darle sentido a su historia es algo que no podría uno hacer sin el otro y me encanta.

Mucha gente necesita ayuda, un par de orejas que quieran escuchar y mucha paciencia y adaptabilidad para caminar a su ritmo. Pero la salud mental no se trata solo de compañía y escucha, este trabajo requiere que uno sepa lo que hace en términos técnicos y eso toma años de entrenamiento y experiencia clínica. Saber lo anterior hace que me preocupe lo que cuento a continuación.

Este año se ha desatado una legión de personas que no tienen entrenamiento clínico, psicológico, psicoterapéutico o psiquiátrico. Estas personas han inundado las redes sociales y ofrecen «tratamientos», «talleres», «procesos», «webinars» y demás para problemas de relaciones interpersonales, emocionales, de estado de ánimo, personalidad, trastornos alimentarios, incluso ideas suicidas, entre otras. Esto es peligroso y es mi responsabilidad (y la de todos mis colegas) advertir sobre estas personas e informar a la comunidad sobre de qué se trata la salud mental y por qué es tan importante tratarla con profesionales calificados del área. Esta ha sido una lucha importante del 2018 que parece continuará en 2019.

 

Personalmente:

En términos personales, les comparto que este año tuve mi cumpleaños número 40 y el impulso a formar una generación siguiente y dejar una parte de mí caminando la tierra se ha hecho más presente que nunca. A ver, que me ha pegado la paternidad y eso me entristece un poco porque no creo que sea una opción para mí ser papá en este momento por varias razones, entre esas que ser papá requiere algo de trabajo (y dinero) extra si no eres heterosexual.

Mi recién descubierto deseo de paternidad debe tener algún significado, tal vez es esa necesidad universal que nos lleva a todos a crear más personas o tal vez tenga que ver con mi edad y la realización de que no estaré aquí para siempre, ya saben, todo aquello de dejar un legado. Al menos eso explica la búsqueda que he hecho por meses de un compañero canino y los momentos de regaño, consejo y conversación que he tenido con mis sobrinos este año. Un sobrino no es igual que un hijo y un perro mucho menos pero hay algo en la acción de cuidar a otro ser vivo y el vínculo que se establece que es difícil de pasar por alto. Tal vez debería conseguirme un cactus.

De cualquier forma, quería compartir estas cosas con ustedes porque aunque haya muchas cosas positivas en mi vida a veces hay necesidades importantes que no están satisfechas y eso le pasa a todo el mundo. A uno le toca intentar y encontrar la manera de satisfacerlas pero, mientras eso se logra, puede uno experimentar mucha frustración. ¿Quién se identifica? ¿Cómo ha sido su año? ¿Ya hicieron su evaluación?

Déjenme saber en los comentarios o al menos tomen el tiempo de sentarse consigo mismos(as) para preguntarse sobre las cosas buenas y no tan buenas que han sucedido en 2018.

¡Un abrazo y que pasen felices fiestas!

Dr. Alvaro

Álvaro Gómez Prado

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