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Anoche fuí a ver una adaptación para teatro de «El Principito», montada por el Teatro Rayuela de Panamá. El libro de Antoine de Saint-Exupéry ha tocadi la vida de luchas personas por la manera sencilla en que nos muestra algunos sinsentidos adultos en contraposición a lo que realmente importa en la vida: el establecimiento de vínculos y el crecimiento y responsabilidad que los mismos conllevan.
Quien no haya leído el libro está más que invitado a hacerlo, es una de esas obras de lectura obligada para quien viva en este tiempo.
El equipo técnico, artístico y de producción encargado de este montaje me ayudó a reconectarme con la importancia de los vínculos, lo efímero de la vida y la responsabilidad cuidar las relaciones una vez se han establecido. Fue una experiencia surreal, que te invita a llorar tus pérdidas y apreciar tu presente sin importar nada de esas vanalidades a las que les damos peso como seres humanos porque, al final, «solo se puede ver con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos».
Si se la perdieron pueden verla en el Festival de Artes Escénicas (FAE) 2016, así que estén pendientes!

Álvaro Gómez Prado

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